INSECTICIDAS

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En particular, los insecticidas suponen el riesgo más directo para los polinizadores. Como su nombre indica, se trata de sustancias químicas diseñadas para matar insectos. Por lo general, se aplican ampliamente en el medio ambiente en torno a los cultivos. Aunque el papel relativo de los insecticidas en el descenso global de las poblaciones de polinizadores sigue estando poco definido, es cada vez más evidente que algunos, en concentraciones aplicadas hoy en día de forma rutinaria en la agricultura intensiva, ejercen claros efectos negativos en la salud de los polinizadores, a nivel individual y de colonia. Los efectos subletales observados para dosis bajas de insecticidas en las abejas son varios y diversos. Se pueden clasificar en:

1) Efectos fisiológicos de distintos niveles. Por ejemplo, se han medido en términos de tasas de desarrollo (es decir, el tiempo requerido para alcanzar la edad adulta) y malformaciones (como en las celdillas de los panales).
2) Alteración del patrón de pecoreo. Por ejemplo, efectos evidentes en el aprendizaje y la orientación.
3) Interferencias en el comportamiento alimentario, mediante efectos repelentes, que inhiben la alimentación o de reducción de la capacidad olfativa.
4) Impacto de los plaguicidas neurotóxicos en los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, se han constatado problemas en el reconocimiento de flores y colmenas, de orientación espacial, que son muy relevantes y han sido estudiados y ampliamente identificados.

Fuente: Greenpeace