28 de juliol 2015

CARRIL DE ABEJAS EN LA CIUDAD

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Oslo construye una autopista para estos insectos a base de flores y colmenas | De sus vuelos depende la polinización de un tercio de los alimentos que consumimos | Peligran por los pesticidas, los parásitos y la destrucción de su entorno natural


Hace 20 años que los científicos lo vienen denunciando. La abeja está en peligro. Un pequeño insecto que podría parecer irrelevante, pero cuya importancia para la vida humana y animal es vital. De ella y, concretamente, de su labor polinizadora depende un tercio de los alimentos que consumimos y alrededor del 90 por ciento de las plantas silvestres.

Son muchos los factores que hacen que cada año haya menos abejas en el mundo. El uso de pesticidas en la agricultura, la propagación de enfermedades y parásitos y la destrucción paulatina de su hábitat natural provocada por la acción humana son algunas de las causas. Para contrarrestar esta tendencia, Oslo acaba de implementar un novedoso plan que busca facilitar la vida a estos insectos en medio de la gran ciudad. Se trata de una especie de autopista, un corredor de flores, plantas y colmenas distribuido a lo largo y ancho de la capital noruega, cuyo objetivo es generar un ambiente idóneo, una especie de zona de confort que las ayude a desarrollarse en la urbe.

"Oslo está rodeada de bosques, árboles y plantas. Pero en el centro de la ciudad abundan el asfalto, los edificios altos y, hasta ahora, no había demasiadas zonas con flores. Hay insectos capaces de volar sin alimentarse durante distancias más largas. Pero las abejas necesitan parar con bastante frecuencia. Por eso queremos conseguir que, gracias a la participación ciudadana, puedan contar con algún lugar para comer y descansar cada 250 metros", explica a este diario Tonje Waaktaar Gamst, de la Sociedad de Horticultura de Noruega, uno de los organismos que está sacando adelante el proyecto.

Otra de las asociaciones involucradas es Bybi. Su nombre lo dice todo, pues significa "Ciudad de abejas" y ellos son los que han puesto en marcha la web polli.no, una especie de guía de Oslo para las abejas.

Consiste en un mapa en el que los ciudadanos pueden señalar los lugares donde han plantado flores, plantas o refugios. De este modo, quienes deseen participar pueden localizar fácilmente las "zonas grises", es decir, los obstáculos y barreras que siguen impidiendo a estos pequeños animales cruzar la ciudad sin morir en el intento y hacer algo para que esto cambie.

"Es una forma divertida de incentivar a los usuarios, una especie de Tripadvisor para las abejas, en el que los participantes cuelgan fotos de las flores, mini-hoteles y nidos que han puesto en su balcón", explica Gamst.

Poco a poco, jardines, cementerios, terrazas y azoteas se han ido tiñendo de colores. Girasoles, narcisos, caléndulas y campanillas son algunas de las especies que han empezado a crecer en los parques públicos, en los que, hasta ahora, predominaba el verde pero no las flores.

Muchos ciudadanos también aportan su granito de arena desde sus terrazas, jardines o patios interiores. Y algunas empresas, incluso, se han ofrecido a plantar semillas y alojar nidos en el tejado de sus edificios.

La idea es que, con el tiempo, el mapa refleje la evolución de esta autopista floral en tiempo real. Pero, más allá de supervisar lo que pasa, su principal objetivo es motivar a la gente.

"Queremos que la gente vea el entorno con los ojos de los polinizadores: ¿Cómo es para una abeja entrar en la ciudad? ¿Dónde están los buenos "restaurantes"? ¿Dónde están los mejores "hoteles"? ¿Cuáles son los lugares más animados para salir y encontrar pareja?", describe.

Tanto Melvær como Gamst destacan que ayudar a las abejas es fácil y está al alcance de todo el mundo. "Plantar flores es una actividad agradable y, al mismo tiempo, hace que nuestro entorno sea más bonito", destacan. La mayor parte de la población mundial vive lejos de la naturaleza, en ciudades de hormigón, donde es difícil oler el aroma de las plantas o contemplar una puesta de sol e incluso las estrellas. Por esto, más allá de beneficiar a las abejas, vestir de color y biodiversidad la ciudad también juega a favor del hombre.

Pero a algunos les puede preocupar el riesgo para la salud pública que puede acarrear dejar que las abejas campen a sus anchas por calles y plazas. Ambas activistas lo niegan. A diferencia de las avispas, las abejas no suelen picar si no se las molesta. Además, en el mejor de los escenarios, el número de insectos que sobrevolará la ciudad nunca será lo suficientemente elevado como para representar una amenaza.

"A lo que nos arriesgamos es a lo contrario. Muchas especies de abejas y otros polinizadores se hallan en dramático declive y perderlos sí que tendrá graves consecuencias", advierte Melvær.

El proyecto cuenta con la colaboración del Ayuntamiento de Oslo y el apoyo económico del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno de Noruega y, de momento, ha tenido muy buena acogida entre los ciudadanos. Algo de lo que las organizaciones que lo impulsan se felicitan, pues, según afirman, es el fruto de la labor de concienciación que llevan a cabo desde hace años.

La iniciativa no cuenta sólo con la simpatía de los noruegos, sino que también ha despertado interés en el extranjero. "Nos han contactado distintas organizaciones de todo el mundo", destaca Melvær, cuyo sueño es que Oslo acabe inspirando a otras ciudades y regiones y que más gente se anime a desarrollar corredores similares.

Otras ciudades como Seattle, en Estados Unidos, y Bristol, en el Reino Unido, también han puesto en marcha proyectos para promover la convivencia entre los seres humanos y las abejas. Pero lo que hace de la experiencia noruega algo único es el importante apoyo y cohesión que existe entre la esfera pública y la privada.

Por lo demás, la ONG americana The Pollinator Partnership también ha puesto en marcha un mapa, esta vez de ámbito mundial, en el que todo aquel que lo desee puede marcar con fotos, vídeos y una breve explicación su aportación para salvar a las abejas. De momento, casi todos los participantes son estadounidenses. Son pequeñas iniciativas. Pero, como las abejas, puede que de ellas dependa algo grande.

Informa: Mercè Soler


Foto: Pierre-Henry Deshayes / Afp