SOBRE NÉCTAR, CAFÉ Y ABEJAS (2a. PARTE)

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Para ello ofrecieron a las abejas agua azucarada con varias concentraciones de cafeína y comprobaron que el nivel de cafeína de las flores nunca sobrepasaba el nivel de cafeína que disuadiría a las abejas de alimentarse del néctar. De este resultado se concluyó que en todas estas especies estudiadas el néctar tiene cafeína, pero en cantidades suficientemente bajas para no ser repelente. La siguiente pregunta que se hicieron fue cuál sería la razón de que estas plantas incluyan cafeína en el néctar. Pensaron que quizás podría ser porque le ayudaría al polinizador a recordar estas flores. Para encontrar la respuesta a esta pregunta realizaron un experimento de aprendizaje con dos grupos de Apis mellífera, uno tratado con cafeína y otro sin tratar. Lo que encontraron que cuando en el entrenamiento se usaban cafeína la memoria de corto plazo (10 min) no era diferente que la de un control sin cafeína, pero que la de largo plazo (24h) era 3 veces mayor con cafeína. Este experimento demuestra que la cafeína ayuda a las abejas a recordar. Finalmente quisieron saber estos investigadores cuál es el cambio en el cerebro que provoca el aumento de la memoria por ingestión de la cafeína. Para ello los investigadores colocaron electrodos en  el cuerpo pedunculado del cerebro de las abejas, que es una especie de corteza cerebral de los insectos, y registraron su respuesta a olores florares. Lo que observaron es que la cafeína potenciaba la respuesta de las células del cuerpo pedunculado. De esto dedujeron que posiblemente este cambio en la respuesta fisiológica del cerebro está relacionado con la mejor memorización de estímulos olfativos en presencia de la cafeína.



Este estudio es importante porque explica la aparente contradicción de que algunas plantas añadan en su néctar una sustancia tóxica que repele a los insectos (la cafeína): la razón es que de esta manera los polinizadores las recordarán mejor y las polinizarán más. Eso sí, las plantas no pueden poner demasiada cafeína porque entonces el insecto no tomaría el nectar, o enfermaría, y dejaría de visitar sus flores.

Autor: César Gemeno - entomòleg - UdL