15 de juny 2013

LA MEJOR MIEL DEL MUNDO

 strana.ru

La miel salvaje es la más cara del mundo. La producen las abejas silvestres. Baskiria (República de Baskortostán) es hoy uno de los últimos lugares del planeta donde la apicultura no convencional se mantiene como oficio. 

Esta práctica comenzó a desaparecer con la construcción de colmenas y la aparición de colmenares, pero hubo un tiempo en que ésa era la única manera de obtener miel. 

Antes que nada, es necesario explicar el significado de la palabra “bortevoi” (silvestre). “Bort” en ruso, es el nombre que se le da al hueco del árbol donde viven las abejas salvajes. El agujero puede ser natural o artificial, pero las abejas solo pueden ser salvajes y silvestres. En Baskiria se creó la reserva Shulgán-Tash para la conservación de las abejas silvestres 'burzianski'. Junto con las abejas, se protegió también la antigua profesión del 'bortnik'.

Un auténtico 'bortevik' es un tesoro de conocimiento y habilidades. Sabe si el año está siendo bueno para las abejas, lo que les falta, si ha llegado el momento de recolectar la miel y cuánta cantidad se puede recolectar.

Los 'borteviks' no destruyen los huecos de los árboles sino que recolectan la cantidad de miel necesaria para que las abejas tengan bastante para el invierno. Y tratan de no intervenir drásticamente en el mecanismo claramente organizado de la vida de las abejas, lo cual hace que se obtenga una miel de la mejor calidad.

Como dicha actividad trascurre en los bosques, el 'bortevik' debe poseer habilidades de cazador y ser capaz de interpretar las huellas: las martas y los osos son conocidos cazadores de miel. El peligro de tropezar con un oso todavía existe hoy: los 'borts' se encuentran en territorios protegidos, donde los animales salvajes se sienten totalmente libres.

“Siempre nos aseguramos si la amenaza del oso es real”, dice un 'bortevik' llamado Ramazan. Asegura que aprendió el oficio de su padre, el primer 'bortevik' de la reserva y ahora transmite todos sus conocimientos a su hijo. 

“Si el oso encuentra el hueco de un árbol con miel, no descansará hasta llegar a ella. Estamos obligados a hacer algo al respecto. Obtener una licencia de caza es muy difícil, así que ponemos trampas. Está claro, es una lástima. Pero ¿qué vamos a hacer, si hay que elegir entre el oso o toda una colonia de abejas? Si nos quedamos con los brazos cruzados, el oso aniquilará la colmena y todas las abejas morirán…

Peor que los osos se comportan los humanos: los ladrones de miel son capaces de arrancarlo todo de raíz. Para llegar hasta el hueco pueden incluso serrar el árbol. Aunque no es algo que pase a menudo: localizar los huecos de árboles perdidos en los bosques no es tarea fácil”, explica. 

El sabor de la libertad
La principal diferencia entre la miel salvaje y la procedente de la apicultura convencional es que el ser humano no interfiere en la producción de la primera. Como se sabe, la miel es producto de la digestión del néctar de las flores en el organismo de las abejas melíferas. Todas las abejas del mundo lo hacen de la misma forma. Pero después de este proceso, los caminos que siguen las abejas silvestres y las abejas domesticadas divergen.

En el colmenar la vida de las abejas está gestionada por el hombre cuyo objetivo es recolectar durante la temporada la máxima cantidad de miel posible de cada colonia de abejas. Algunas veces por año, de manera monótona, las abejas domesticadas producen en la colmena como en una cadena de montaje. 

Sin embargo, una abeja salvaje no está sometida a ninguna presión. Escogen un lugar para su 'casa' y ellas mismas construyen los panales con materiales naturales. Les lleva más tiempo, pero el resultado no es simplemente una miel natural y literalmente rica en enzimas beneficiosos, vitaminas, aminoácidos e incluso hormonas.

Además, la miel salvaje se recolecta sólo una vez por año: a principios de septiembre, cuando realmente ha madurado. No se sigue el criterio del hombre sino el de las propias abejas, que sellan panales de miel para pasar el invierno.

Este año fue malo, seco, con muchas plagas”, observa Mijaíl Kosarev, director de la reserva Shulgan-Tash, que en el pasado también se encargó de recolectar miel en 'borts'. “Tuvimos que alimentar algunos 'borts' para que las abejas no muriesen. Con esta finalidad, colocamos dentro o fuera un recipiente con jarabe de azúcar”.

Los bienes inmuebles de las abejas
La abeja salvaje es una criatura caprichosa, es imposible colocarla a la fuerza en el hueco de un árbol. El hombre apenas puede ayudarla un poco en la elección, practicando un 'bort' en el árbol más atractivo de los alrededores.

“Era toda una cultura”, recuerda Mijaíl Kosarev. “Primero mi abuelo escogía un viejo árbol de 150 años, grueso y resistente, cortaba la copa y estampaba un sello, un símbolo de la familia. Eso significaba que el árbol estaba ocupado. Después se esperaba 50 ó 70 años, venía el nieto y preparaba un 'bort'. Luego aún había que esperar algunos años más hasta que se secara…”.

Ahora esa cultura casi se ha perdido por completo. Por eso, se utilizan huecos antiguos o huecos artificiales, troncos en los que las abejas se encuentran incluso más a gusto, como en una casa con todas las comodidades.

Los 'borts' de Baskiria están diseminados a lo largo del vasto territorio del Parque Nacional de Baskiria, de la reserva natural Shulgan-Tash y del santuario Altyn Solok (“Bort de oro”), a algunos kilómetros de distancia entre sí. La mayor cantidad de borts se encuentra en Shulgan-Tash: son cerca de 400 en 220 km² de reserva, pero las abejas sólo ocupan 200. La concentración es de dos 'borts' por kilómetro cuadrado. Está claro que no es fácil para los apicultores trabajar en esas condiciones, pero también tiene aspectos positivos: la distancia protege a las abejas no sólo de los ladrones sino también de las enfermedades infecciosas. 

La miel más cara del mundo
Todas estas tribulaciones tienen como finalidad la recolecta de la miel. En cierto sentido, es la apoteosis de la actividad de un 'bortevik'. En un día se puede recolectar de 15 a 25 kg. La miel salvaje se puede almacenar durante mucho tiempo y cuanto más lejos se venda del punto de recolecta mayor es su precio. Actualmente, la miel silvestre de Baskiria es la más cara del mundo.

En las tiendas de la reserva o en el poblado de Starosubjangúlovo, cerca del santuario Altyn Solok, el kilo de miel cuesta 50 euros. En Moscú, los precios asustan como una picadura de abeja salvaje: entre 120 y 200 euros por kilo.

Desde 2013 la reserva organiza 'tours de miel': un visitante puede ir hasta el bosque para ver cómo trabaja un 'bortevik', recolecta la miel de manera independiente y la deposita en botes. 

El coste de un kilo de 'miel de tour' cuesta más de 60 euros, pero el precio incluye el transporte hasta el lugar, el chofer y la comida. 

Lo más importante es ver con los propios ojos el antiguo oficio que contribuyó a que sobrevivieran varias generaciones de baskirios. No es una casualidad que en el folclore burzianski el papel de tonto siempre correspondiera a quien tenía mucho ganado pero pocos 'borts'.

Informa: Maria Micó - ArtAlPas