12 de maig 2011

PATRIMONI DE LA HUMANITAT

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Los apicultores quieren que la abeja sea Patrimonio de la Humanidad, este hecho supondría una «protección especial» para este insecto himenóptero que consideran es «esencial» en la naturaleza 

 Conseguir que las abejas se conviertan en patrimonio de la humanidad es el objetivo de los apicultores españoles. En Burgos, la avocación de apicultores está recogiendo firmas para convalidarlas como iniciativa legislativa. Conseguir que obtengan estos insectos ese reconocimiento internacional, servirá para «proteger» estos insectos y «se estudie el problema de la mortandad de las abejas» apuntaba uno de los productores Florencio Chicote.
 
Muchos factores afectan a la mortandad de abejas, algunos han existido siempre, pero otros sn nuevos. Fundamentalmente se trata de «insecticidas y plaguicidas», apuntaba Chicote. Incluso, desde algunos sectores, se apunta a las «ondas de los teléfonos móviles» como causa de la mortandad de las abejas. 
 
 La importancia las abejas, al margen de la producción de miel, está en su papel como elemento esencial de la naturaleza. Ni en la jalea real, ni en el poleo y los propóleos; ni siquiera en el remedio natural de su agujón para ciertas enfermedades. Lo «principal es el papel que juegan en los ecosistemas, en la vegetación», subrayaba Chicote.
 
La Coag de Burgos, la Asociación Provincial de Apicultores de Burgos y la Cooperativa de la Abeja Burgalesa se congregaron ayer en un encuentro en la Plaza Mayor de Burgos para dar a conocer la importancia de las abejas en nuestra vida, bajo el eslogan «La abeja da vida». Las organizaciones realizarán charlas y proseguirán con la recogida de firmas en la provincia, como Espinosa de los Monteros, Medina de Pomar o Villarcayo, entre otros.
 
Un sector al alza
 
El sector apícola en España es puntero en Europa con más de 2,4 millones de colmenas registradas en julio de 2009 y cerca de 23.000 profesionales, de ellos unos 350 censados y hasta 650 que ejercen la profesión sin censar en Burgos. En la provincia la producción supera las 300 toneladas con casi 45.000 colmenas y un precio medio de pago al productor de unos tres euros el kilo.
 
Unas de las mieles más apreciadas es la de brezo, producida en la zona norte de las Merindades, en Espinosa de los Monteros y en la Sierra de la Demanda. Un estudio de la Universidad de Burgos la ha catalogado como «excelente».

Autor: J. C. R. / Burgos