31 de març 2011

FITOSANITARIOS I LAS ABEJAS

Share
Qué sería de nuestros cultivos, de nuestros frutales, de las flores de nuestros jardines y de los bosques si no fuera por esa colaboradora tan eficaz que es la abeja? Ella es la responsable del 80% de la labor de polinización que realizan los insectos. Sin ella, nuestros cultivos y frutales quedarían depauperados e incluso parte de la vegetación terminaría desapareciendo. Se trata por tanto de una colaboradora que trabaja para el agricultor sin coste económico alguno y que conviene cuidar.

En los últimos años se ha extendido el uso de fitofármacos y productos fitosanitarios en los cultivos para luchar contra las plagas y enfermedades que les afectan. Son productos químicos ajenos al medio que, mal empleados por algunos, en exceso y en épocas inapropiadas, están causando mortandad en las abejas y otros insectos auxiliares tan necesarios para nuestros campos. Y eso a la larga puede causar daños más graves en la agricultura que los problemas puntuales que se pretende atacar con un tratamiento, en un momento dado.

Existe un equilibrio entre la actividad de las abejas y la lucha contra las plagas que debemos guardar, con la colaboración de apicultores y agricultores, para conseguir un beneficio mutuo.

Ese equilibrio es el que vamos a buscar con la información y las recomendaciones que exponemos en este artículo. No es cierto, estamos confundidos si pensamos que el principal beneficio que aportan las abejas es la producción de miel. Si nos gusta la naturaleza nos daremos cuenta de que las plantas silvestres, árboles y cultivos necesitan polinización, y que ésta suele darse principalmente mediante la colaboración de insectos polinizadores (es la forma más frecuente y la que necesitan la mayoría de los cultivos), o por medio de otros agentes como el viento (frecuente entre especies forestales), el agua (en plantas acuáticas y tropicales), pájaros, etc.

Dentro de la polinización hecha por insectos, debemos destacar a la abeja melífera como el principal vector de los granos de polen que van a permitir la fecundación de las flores. Se estima que un 80% de la polinización por insectos es realizada por la abeja, quedando el resto a cargo de otros insectos poco importantes como las mariposas, moscas, escarabajos, etc.
El uso de abejas en la polinización de cultivos es práctica común en árboles frutales (almendros, cerezos, melocotoneros, perales, manzanos, etc), algunas oleaginosas como la colza y el girasol, leguminosas forrajeras como la alfalfa y el trébol, la zanahoria, cebolla, pepino, melones, y en otros cultivos como el algodón, el pacharán, etc.


Llegados a este punto deberíamos plantearnos la siguiente pregunta: ¿Qué sería de nuestros campos, de los bosques, montes y praderas sin la presencia de nuestra colaboradora abeja?. La respuesta es sencilla. Sin el trabajo de estos insectos polinizadores, a expensas únicamente del viento y de los pájaros, la vegetación prácticamente desaparecería, y con ella la mayoría de las especies de fauna silvestre, pues, como hemos comentado, la mayoría de la cubierta vegetal existente necesita la presencia de dichos insectos para realizar la fecundación de sus flores y, por tanto, dar frutos y multiplicarse. Todo un caos.

Problemática del uso de productos fitosanitarios

Sabemos que la utilización en los cultivos de variedades más productivas conlleva la pérdida de rusticidad y, con ello, la aparición de graves problemas de plagas y enfermedades. Éstas provocan grandes pérdidas en las cosechas y para luchar contra ello, se ha generalizado el uso de todo tipo de productos fitosanitarios que reducen en lo posible los daños ocasionados. Sin embargo, debemos ser conscientes de que el empleo de fitosanitarios sobre un cultivo en floración representa un grave peligro para los insectos polinizadores, y que la desaparición de los mismos va a suponer mayores pérdidas en la producción de nuestros campos que la que pretendíamos prevenir.


Por ello, y siendo conscientes de la necesidad de su uso en nuestras explotaciones agrícolas, es de vital importancia conocer una serie de normas de utilización que reduzcan al mínimo los problemas originados a todas esas especies que nos ayudan tanto a mejorar no sólo el rendimiento de nuestros campos sino también la calidad de los productos obtenidos. El medio ambiente y las rentas agrarias lo agradecerán.

Autor: Fabian Rodriguez